
No era la primera vez que nos acostábamos en la misma cama, pero sí la primera que dormíamos juntas. Nos abrazamos de frente y así llegó el sueño. Si yo me giraba a izquierda, tú me abrazabas por detrás, si te girabas tú, yo lo mismo. Hasta la piel nos estorbaba.
De madrugada nos despertamos pegadas. Yo te dije: "quiero saberlo todo de ti". Y empezaste a hablar.
Que tierno. Besitos...
ResponderEliminaryo me he acostado en muchas camas y con mucha gente... pero nunca he dormido con nadie...
ResponderEliminarnada de abrazos, nada de giros, ni piel sobrante...
nada de madrugadas charlando como si el alba nos fuera a matar el habla...
cómo lo echo de menos... joder
:)
ResponderEliminarMe gusta eso de quedarse pegadas.
Cuánto tiempo, ¿verdad?